Los Montes de la Luna. Viaje al corazón de África.

“Por tierra y por mar: ilustración popular enciclopédica”, pp. 21-22, Barcelona, 17 de junio de 1907.

Casi un año después de su partida, regresa al puerto de Nápoles la expedición africana dirigida por el que una vez fuera efímero heredero de la corona española, el duque de los Abruzos, Príncipe Luigi Amadeo de Saboya.

Del África sabíamos que empezaba en los pirineos; pero ciertamente ignorábamos sus límites. Ahora, gracias al tesón de un puñado hombres valerosos e intrépidos, conocemos mucho más de sus  confines. Hombres que, como nuestro héroe, han seguido la estela de los grandes exploradores, los Standley y los Livingston, para ensanchar el mundo conocido, agrandado a la par sus figuras con hazañas como la que hoy nos ocupa.

La expedición que el conde de los Abruzos ha dirigido partió de Nápoles el 3 de agosto del pasado año. Su intención era dirigirse a las regiones montañosas inexploradas del corazón del continente africano. “Queremos hallar los Montes de la Luna, aquellos que describe Ptolomeo. Demostraremos al mundo, a todos los incrédulos que han dudado de la veracidad y exactitud del geógrafo griego, que esos montes son algo más que una antigua leyenda”, declaró el intrépido explorador el día de su partida. Casi un año después, francamente desmejorado, exangüe, enflaquecido, pero con ímpetu brioso a pesar de los pesares, las primeras palabras del conde a su llegada dejaban claro el éxito de la misión: “Ptolomeo tenía razón”. Midiendo sus paupérrimas fuerzas, el Príncipe no quiso decir nada más. Se excusó y pidió a los numerosos reporteros allí congregados que acudieran a una muy próxima cita en la que revelaría todos los detalles de su aventura. Entonces, atendería, con mucho gusto, a cuatas preguntas quisieran hacerle.

La última voluntad de Sir Henry Stanley.

Allí estuvimos y fue así como supimos de las incontables peripecias vividas por la expedición, del tortuoso viaje que desde el primer momento estuvo plagado de dificultades. A los pocos días de su partida se vieron envueltos en una terrible e inesperada tormenta que les sorprendió cuado casi habían llegado al puerto de Mogadiscio. En su relato, el duque afirmó que “todas nuestros audacias han obtenido una maravillosa recompensa: a unos 90 kilómetros al sur de Yambaya se alza una extensa y magnífica cordillera rocosa, oculta entre espesas selvas, casi inaccesible a través de un profundo y abrupto valle. Las gentes de aquel país llaman a aquellas montañas Ruwenzori. Ese lugar es sin duda el que describió Ptlomeo en la antigüedad. Hemos logrado coronar dieciocho de sus cumbres,  Las recorrimos de norte a sur, de este a oste, dibujado sus contornos, realizado fotografías y mapas.”

Al parecer, fue el famoso viajero Henry Standley el primero en dar noticia de la existencia de aquellos montes. En 1885, durante su último viaje a África con la misión de rescatar al naturalista y físico alemán Mehmet Emin Bajá, cuando Standley pudo divisar la cordillera sin llegar a explorarla. Desde que el príncipe Luigi Amadeo supo que entre las últimas voluntades del célebre viajero inglés estaba explorar aquellas cumbres, no cejó en su empeño por organizar una gran expedición a tan remotas tierras.

Una misteriosa ciudad en las cumbres.

De entre las muchas aventuras vividas, destaca la misteriosa visión que el grupo de montañeros pudo contemplar a más de 4.000 metros de altitud: “Pasaron varias jornadas en que los elementos se conjuraron contra nuestras esperanzas. El viento, la nieve y el frío intensísimo hacía casi imposible el accenso. Y entonces, durante un instante en que la nevada cesó, todos los que formábamos la expedición pudimos contemplar con extraña claridad aquella maravillosa ciudad. Les aseguro que no fue necesario el esfuerzo de la imaginación para compararla con una ciudad, pero era tan distinta que requería, en cambio, fe para creer que era en realidad una ciudad. Podíamos ver claramente las casas, calles bien definidas y árboles. Aquí y allá se levantaban torres de altura sobre edificios enormes que parecían ser antiguas mezquitas o catedrales.”

Fin de la primera parte. Este reportaje continúa en el próximo número.

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julio 28, 2010. Etiquetas: , , , . Preste Juan. 2 comentarios.