Librería de viejo

Una portada de Daniel Gil

 

Una portada de Daniel Gil

Recupero aquí el relato que le hice al Preste Juan en un mail acerca de una visita a Madrid.

Algo buscaba, porque algo había leído. Anduve echando un vistazo en Uniliber. Algunos resultados me remitían a una librería de viejo en Madrid. Con el fin de buscar regalos navideños, que no encontré, y para no dejar viajes del bono del “cercanías” sin usar, me planté allí esa misma tarde.

Las botas nuevas hicieron que mi viaje no se prolongase mucho. Dos soberanas ampollas adornan el talón de mi pie izquierdo. Sentí el dolor a la media hora de caminar hacia Malasaña, calle Ruiz. La pasé de largo en un principio y como siempre, pregunté a un transeúnte en la misma esquina de la calle.

Muy buena sensación al entrar, abundancia, pero sobre todo orden. Alfabético y por secciones: narrativa, arte, poesía, teatro, comunismo, Philip K. Dick…
Los precios, los habituales, alguno un poco subido, aunque había alguna que otra sorpresa por baratura. El alquiler del local en esa calle debe de ser caro. Abrumado. No compré nada. No pude, no quise decidirme. Ya sabía que tenía que volver otro día.

Otra sorpresa fue el librero, y su trato hacia los que por allí pasaban. En el rato en que estuve en el local asistí a tres encuentros. El primero de ellos, un amigo del librero, que algo le llevaba:
-¡Me voy corriendo! Me han traído en coche, que vengo del hospital.
-¿No te ha gustado?
– Aún no lo he podido mirar. Échale un vistazo. Me paso en otro momento y lo hablamos.

Una bolsa llena de libros y algún que otro cachivache.

La segunda visita fue de uno de esos que llama Busca. Llama Busca a esos individuos que revuelven entre los contenedores y sabiendo que hay quien los compra, recoge toda clase de libros, periodicuchos, tarjetas y artefactos papeleros, -el librero tiene un blog donde hace sus apreciaciones del negocio, del día a día donde he podido leer alguna cosa bien curiosa-. Se veía que era un habitual. Y su pinta era la de quien pasa las noches al raso y de día recorre las calles buscando enganchar algo en compañía de un cartón de vino de blanco.
-Toma, te traigo esto.
-Ahora no puedo mirarlo. Déjamelo y luego le echo un vistazo. ¿Y Fulanito?
-Bueno, a ese hasta después de Navidades no le ves.
-¿Y eso?
-Tiene una novia de Mallorca y se ha ido con ella. Al calorcito.
-Vaya.
-Déjame algo.
El librero saca unas monedas del bolsillo y se las pasa al busca.
La última visita que presencié era la de un adolescente que preguntaba por un libro cuyo título ahora no recuerdo. Algo bastante extraño, de autor castellano. El librero consulta una base de datos en el ordenador y al rato responde que el libro se encuentra en el almacén.
-¿Cuando lo puedes traer?
-Mañana seguramente. Déjame un número de teléfono y te aviso.
El chico le da su número.
-Bueno, en cuanto lo tenga te aviso. Yo me llamo Juanjo.

diciembre 19, 2012. Etiquetas: , , , , , , , . Anti D. Deja un comentario.