Carlos Taibo, cuidado con lo que dices


Vengo de escuchar una conferencia de Carlos Taibo sobre decrecimiento. Un concepto que es interesante, pero delicado e incluso peligroso si se explica mal. El decrecimiento se basa, muy a grandes rasgos, en que debemos dejar de vivir con nuestro actual ritmo de vida por ser insostenible. Debemos pensar en cobrar menos, consumir menos, y estar dispuestos a disfrutar más de nuestro tiempo libre con poca cosa. En definitiva, debemos aceptar una economía que no esté impulsada por el paradigma de un crecimiento económico basado en un aumento del consumo. Hasta aquí nada nuevo. Lo que más llama la atención es que la teoría decrecentista va más allá del crecimiento sostenible.

El problema de esa tesis, que en principio muchos compartirían, es su explicación. En la charla, que ha tenido lugar en la sede de CNT en Ciudad Real, se ha abordado que los sindicatos deberían decirles a los trabajadores que deben anteponer ese modelo de crecimiento a, por ejemplo, conservar su puesto de trabajo en sectores económicos que supongan una amenaza para la sostenibilidad del planeta. De hecho, se ha criticado el caso concreto del acuerdo alcanzado entre Nissan y los sindicatos para paralizar los despidos en la planta de Barcelona. Pues el cambio conlleva construir un nuevo modelo de vehículo. Según Taibo ese acuerdo es rechazable: la producción del automóvil va contra la lógica de una economía basada en el decrecimiento. ¿Y entonces que pasa con los trabajadores? Nadie ha dado una respuesta pero, según Taibo, los sindicatos, todos, deberían adoptar esa postura. Una tesis muy peligrosa.

No es difícil entender que algo así mal explicado puede provocar una derechización de los trabajadores del país. Si la izquierda deja de articular respuestas concretas, creíbles, y reales para los problemas de los trabajadores, aunque sean difíciles de aceptar, muchos sucumbirán a las falsas esperanzas de creación de riqueza que dan los neoliberales. Por eso, mucho cuidado con dar argumentos que pueden tener un tufo elitista insoportable. Los que están pasando toda clase de penurias no los van a digerir bien.

Entre otras cosas también ha criticado el desarrollo de los trenes de alta velocidad en España, pues dice que se ha creado una suerte de sistema de transporte público para ejecutivos. A propósito, Carlos Taibo ha dicho que personalmente no es alguien demasiado consecuente con algunas cosas. Su charla, que en gran medida trataba sobre un mundo más slow (trabajo lento, educación lenta, etcétera) al final ha estado marcada por las prisas, y no he podido formular alguna pregunta. Carlos Taibo llegaba tarde a coger el AVE.

marzo 11, 2010. Etiquetas: , . Ramón. 1 comentario.

Malditos sindicatos

Felipe González y Alfonso Guerra celebrando la victoria del PSOE en 1982. Foto: Paco Junquera.

Felipe González y Alfonso Guerra celebrando la victoria del PSOE en 1982. Foto: Paco Junquera.

A los sindicatos últimamente se les pone a parir, y no es para menos. Se han rendido a la élite liberal-socialdemócrata que domina el país, se han transformado ellos mismos en una élite. Recuerdo que en tiempos de Felipe González fue muy criticado el nombramiento de José Luis Corcuera, el de la ley de ‘la patada en la puerta’. El gran argumento para descalificarle por parte de la derecha no era su polémica forma de legislar, a la derecha aquello le parecía bien, el problema era que fuese de profesión electricista.

Pues bien, ya no hay electricistas en ningún gobierno. El actual lo componen señoritos y señoritas tan formados como alejados de la realidad. No es de extrañar que el actual sistema no proporcione soluciones a la actual situación. La política, más que nunca, es un juego de élites. Sus actores están despegados de la realidad del país. Si al menos viesen e los demagógicos Callejeros lo mismo se arremangaban un poco las camisas.

La gran trampa del posfranquismo está surtiendo efecto: el sistema representativo parlamentario ya es totalmente bipartidista y para disputarse el poder los votantes dan igual, sólo importan las luchas internas dentro de cada gran grupo político. Hemos vuelto a la democracia orgánica.

Muchos han querido pertenecer a ese élite, pero por esencia las élites son siempre minoritarias y no hay sitio para todos. Por ello, se ha impuesto la estética de la élite. El que no forma parte de los que cortan el bacalao al menos sueña con arrimarse a ellos, parécerse a ellos. Zara y las hipotecas trampa lo ponen fácil, o mejor dicho: lo ponían fácil. El cáncer que aqueja a los sindicatos y, en definitiva a muchos trabajadores, se llama estética. Hemos querido vestir como las élites siendo meros trabajadores y hemos querido disfrutar de nuestras piscinas privadas sin hacer otra cosa que endeudarnos. Nos hemos avergonzado de lo que realmente somos cuando no hay nada de malo en ello. Por eso los sindicatos están desactivados. El complejo de culpa los corroe y el único referente político que para muchos queda en pie es el que nos ha sumergido en la miseria: el liberalismo.

Nos gustan los ricos porque pensamos que son más listos que los pobres. Pero no caemos en la cuenta que ser rico en España suele ser cuestión de herencias (directas e indirectas). España va camino de convertirse en Venezuela, con un grupo de pijos que se averguenzan de sus compatriotas pobres y locos desde Miami. Estando así las cosas uno hecha de menos a aquel Alfonso Guerra que le decía a los madrileños en los mítines que la derecha no perdonaba a Juan Barranco por ser hijo de un albañil.

marzo 10, 2010. Etiquetas: , , . Incendios, Ramón. Deja un comentario.