Animal de primavera

Camino por la calle poco antes de la hora en la que sólo pueden verse a los extravagantes vendedores de bolígrafos de tinta perfumada, a los locos que preguntan por alguien que pueda quitarles un mal de ojo, y a las chicas somnolientas que beben café bajo un Sol duro y agotador. Es justo el momento en el que ‘tarde’ corre el riesgo de convertirse en ‘temprano’. Alivio el paso pero… pronto me paralizo.

Veo a un gorrión dando breves saltos con un pétalo de violeta en el pico. Me quedo asombrado ante esa escena. No se que hacer, estoy inmóvil. El gorrión se queda quieto, indeciso, como yo. Percibo que en ese momento ambos estamos unidos, compartiendo un instante irrepetible. Siento que no puedo pensar, pero mi mente no se encuentra paralizada. Sólo soy capaz de sentir, pero no razono. Es como si percibiese el mundo a través de lo que siente esa pequeña bestia que salta una vez más y se desliza por una esquina hasta que la pierdo de vista. Avanzo unos pasos y vuelvo a ver al gorrión. En su pico ya no está el pétalo de la flor. Alza el vuelo y me quedo mirándolo hasta que desaparece en el cielo.

No puedo seguirle. Sigo con mi camino.

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mayo 9, 2009. Ramón.

2 comentarios

  1. petalusmismo replied:

    Preciosa anecdota, el gorión con el petalo de violeta, de resonancias juanrramonianas (Ver “Los gorriones”, Platero y yo)

  2. ramonescribe replied:

    Yo también había pensado en JRJ, aunque después de escribirlo. Pronto el animal de invierno.

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