Los poemas plagiados de Esteban Peicovich

Rembrandt, burra de Balam

Rembrandt, burra de Balam

EL BIENAVENTURADO

Por corregir los Diez Mandamientos.
Por embellecer a Poncio Pilato y ponerle una cinta al sombrero.
Por reemplumar y dorar el ala derecha del Ángel de la Guarda.
Por renovar el cielo, pintar y ajustar las estrellas y limpiar la Luna.
Por avivar las llamas del Purgatorio y restaurar almas.
Por volver a encender el fuego del infierno, poner una cola al Diablo,
componer una pezuña y hacer varias menudencias a los condenados.
Por poner un Cardenal y varios arañazos al hijo de Tobías y limpiar su
saco de viaje.
Por limpiar las orejas a la burra de Balán y herrarla.
Por remendar la camisa al hijo de Tobías.
Por poner una piedra nueva a la honda de David, manchar la cabeza
de Goliat y alargarle las piernas.

(Es el texto de la factura que un pintor conocido como Potriquín pasó al cura de Corullón – España – por restaurar santos e imágenes de la Iglesia de Villafranca del Bierzo en 1931 y por lo que cobró la suma de 314 pesetas.)

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mayo 5, 2009. Etiquetas: , , . Preste Juan.

6 comentarios

  1. Anti D replied:

    Son casi los trabajos del mismísimo Hércules.

  2. petalusmismo replied:

    “…hacer varias menudencias a los condenados”, jaja, me encanta.

  3. Ramón replied:

    23 Y el asno vio al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y se apartó el asno del camino, e iba por el campo. Entonces azotó Balaam al asno para hacerle volver al camino. 24 Pero el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared a un lado y pared al otro. 25 Y viendo el asno al ángel de Jehová, se pegó a la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam; y él volvió a azotarle. 26 Y el ángel de Jehová pasó más allá, y se puso en una angostura donde no había camino para apartarse ni a derecha ni a izquierda. 27 Y viendo el asno al ángel de Jehová, se echó debajo de Balaam; y Balaam se enojó y azotó al asno con un palo. 28 Entonces Jehová abrió la boca al asno, el cual dijo a Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has azotado estas tres veces? 29 Y Balaam respondió al asno: Porque te has burlado de mí. !!Ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría! 30 Y el asno dijo a Balaam: ¿No soy yo tu asno? Sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado hacerlo así contigo? Y él respondió: No. 31 Entonces Jehová abrió los ojos de Balaam, y vio al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, y se inclinó sobre su rostro. 32 Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has azotado tu asno estas tres veces? He aquí yo he salido para resistirte, porque tu camino es perverso delante de mí. 33 El asno me ha visto, y se ha apartado luego de delante de mí estas tres veces; y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría a ti, y a el dejaría vivo. 34 Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, porque no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino; mas ahora, si te parece mal, yo me volveré. 35 Y el ángel de Jehová dijo a Balaam: Ve con esos hombres; pero la palabra que yo te diga, esa hablarás. Así Balaam fue con los príncipes de Balac.

  4. Preste Juan replied:

    Apunte para un estudio iconográfico: Ángles justicieros con espadas, biblia judía, heavy metal, franquismo…

  5. davidtorres replied:

    Eso es un poema y lo demás son tonterías.

  6. constantino mpolás andreadis replied:

    “POEMAS PLAGIADOS” DE ESTEBAN PEICOVICH
    Otra vez, y por primera vez, Marcel Duchamp. Otra vez, y por primera vez, Nicanor Parra. Y otra vez, y por primera vez, Esteban Peicovich.
    El poema es un adiós que es una bienvenida. Una última vez que es una primera vez. También en el poema nunca segundas partes fueron buenas. Pero lo que el poema nos dice no es otra cosa que esto: en el poema la primera vez es la segunda vez y la última vez es la primera.
    Esteban Peicovich es un muchacho de Buenos Aires que es un muchacho de Berisso. No sólo es el inventor de la palabra sino que es el hijo de todas las palabras y ni siquiera el padre de las suyas. Para mí (pido disculpas por citarme) es el mejor poeta argentino. Ya sé que la verdad no la tiene nadie sino cada uno. Y cuando digo cada uno lo que estoy diciendo es todos. Y si cuando digo todos lo que estoy diciendo es la inmensa minoría, cuando hablo de la inmensa minoría a lo que me refiero es a uno. No sólo a mí sino sobre todo a vos. A ese inmenso vos que si es cada uno, por vos no es otro que ese inmenso otro que por él sos vos. Esta larga querella de palabras a lo que apunta es a invitarte a leerlo. A leer sus poemas plagiados y sus otros poemas. A leer a Esteban Peicovich como debe leerse todo poeta como él. Como ese poeta único que es él.
    Para entender estos juicios hay que leerlo. Para entender por qué el que escribe no ha perdido el juicio aunque sí el Paraíso no sólo hay que leerlo sino que hay que afrontar la prueba de olvidarlo. Los poetas no sólo son inolvidables sino que para que sean inolvidables lo que hay que hacer es olvidarlos. Vayan y lean.
    Hoy, ahora, mañana y siempre pero siempre a punto de un pasado infinito, estoy leyendo, estuve leyendo porque lo leo ahora, recién ahora que como siempre es mañana no sólo porque se lo espere sino porque ya pasó, estoy leyendo, estaré leyendo, no me molesten, por favor, que estoy leyendo, “Poemas plagiados”, los poemas que Esteban Peicovich nos regala no sólo porque no son suyos sino porque si no son nuestros es porque la poesía continúa pero el poema sos vos. Eso es lo que nos dice Peicovich: el Paraíso son los otros porque el poema sos vos.
    La palabra más extenuantemente pura de la poesía argentina. La palabra más temblorosamente pura de la poesía argelina y de Polonia. La palabra más Buenos Aires porque más París. La palabra más saludable por saludadora e imprevista. La palabra más espejo mágico y más Alicia. La palabra más común y original de la poesía del mundo.
    Yo me saco el sombrero ante estos versos. Y con el sombrero la peluca. Y con la peluca la cabeza. Y con la cabeza el corazón. Sí, yo me saco el corazón y se lo entrego: estos versos no sólo hay que leerlos antes de nacer sino después de muertos. Con estos versos, no sólo la poesía, con estos versos, en estos versos, la vida continúa y la realidad es posible.
    Este libro no es una cima ni un cimiento: este libro es un acontecimiento. Hola, Dadá. Hola, Peicovich.

    constantino mpolás andreadis
    LITERATURACONSTANTINO.BLOGSPOT.COM

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