Zapatero y las energías limpias

Fotografía: EFE

Como es evidente por la hora, o más bien deshora, a la que escribo este mensaje acabo de ver a Zapatero en Tengo una pregunta para usted.

Las ojeras que tenía clamaban al cielo, pero he realizado el extraño experimento de cerrar los ojos durante un momento y lo cierto es que su voz sonaba como siempre. Uno casi podía olvidarse de todo lo que ha pasado desde que muchos de los que andamos por aquí le votamos aquel lejano 14 de marzo, cuando tanto nos alegramos de que ganase.

Económicamente entonces la cosa no iba mal, nuestra preocupación en aquellos momentos era la involución de la democracia. Aznar, el hombre de la voz lenta y los gestos despóticos, había creado un clima siniestro en la política. Se encontraba enfrentado con absolutamente todos los partidos de España, no recibía a los presidentes de las comunidades autónomas, su política exterior se basaba en el seguidismo a un Bush inspirado por el neoliberal Karl Rove, y la televisión pública se encontraba manipulada hasta unos niveles propios de una dictadura.

Ahora no nos gusta Zapatero, o va camino de no gustarnos. Muchos se ponen las manos en la cabeza por la que esta cayendo cuando le escuchamos decir que el gasto público y el apoyo a las energías limpias son las políticas que nos sacarán de la crisis, las que suplirán los desmanes producidos por el sector inmobiliario. Ya se sabe, Zapatero siempre ha sido un optimista.

A este país le ha impulsado la energía sucia de los que piden la palabra en nombre de sus impuestos, de los que se dejaron engatusar por las picarescas piramidales a pequeña y a gran escala, los que desprecian el gasto público porque quieren vivir en urbanizaciones privadas con seguridad privada, colegios privados, hospitales privados…

Son los obsesos de la propiedad, los que desean asaltar las arcas del estado para repartir lo público entre empresarios como los que han llevado al agónico George Bush ha aclarar hace pocos meses que él sigue creyendo en el capitalismo. El actual premio Nobel de Economía Paul Krugman, cuyo blog se llama nada más y nada menos que La conciencia de un liberal, lo tiene claro: Inversión pública y más estado o barbarie.

En definitiva, que lo importante no es si nos gusta o no Zapatero, lo importante es si nos gustamos a nosotros mismos.

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enero 27, 2009. Ramón.

2 comentarios

  1. Anti D replied:

    Yo no voté a Zapatero pero sin duda lo he preferido a Aznar. Pero era un torpeza pensar que iba ser este el que nos librase de tantos males. Tampoco le culpo de la crisis.

  2. Ramón replied:

    Yo sólo le he votado aquel mes de marzo. Es la única vez que he tomado en cuenta lo del “voto útil”, pero desde siempre mi voto a estado con IU, que al fin y al cabo creo que a estas alturas es la socialdemocracia de este país.

    El PSOE de hoy son los liberales de la Segunda República, aquellos que tenía a Azaña como cabeza visible, y el PP sigue siendo la derechona de siempre. Las familias de “El movimiento” han tenido hijos, algunos de ellos con un poso anglosajón que han heredado de los neocon que han pilotado el imperio insostenible de Bush.

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