Valerio

Esta noche, caminando después del trabajo por las heladas calles de Ciudad Real, un hombre me ha parado en la calle. Me ha preguntado si hablaba inglés, le he dicho que no, y se ha dirigido a mi en castellano, disculpándose por su ‘mal castellano’. Lo cierto es que lo hablaba bastante bien.

Valerio, así se llama, no sólo sabe hablar castellano, habla siete idiomas y escribe correctamente cinco de ellos, incluida su lengua natal: el rumano. Me ha explicado que es ingeniero, y que en su día impartió clases en la universidad en Italia. Quería saber donde hay una gran empresa en la ciudad, porque quiere solicitar un empleo y lograr los papeles necesarios para trabajar (por muy ciudadano de la Unión Europea que sea los necesita). Le habían ofrecido trabajo en Almagro, pero al final sólo ha resultado ser una promesa. Dice que le gusta esta ciudad, viene de Barcelona y aquello no le ha gustado; aunque ha aprendido perfectamente catalán.

Le he explicado que no hay grandes empresas en la ciudad, y menos ahora, pero, claro, no quería desanimarle. Valerio duerme en un cajero automático. Le he remitido a los sindicatos, le he dicho que quizá ellos puedan asesorarle; lo mismo que le han dicho en la policía. Pero Valerio no se fía de la policía, hace bien, yo tampoco me fio de la policía, y cada vez menos de los sindicatos. Pero no sabía que decirle.

Me cuenta que en los hoteles de la ciudad le contratarían como recepcionista gracias a su dominio de los idiomas, ya ha hablado en alguno y se lo han confirmado. Pero necesita la famosa licencia de trabajo. Ha insistido bastante en que él no está loco, me ha dado las gracias por escucharle, y me ha dicho esto: “Soy un hombre inteligente ¿porque tengo que dormir en la calle cuando hasta los perros duermen debajo de un techo?”. Sólo he podido callarme y asentir. Tiene razón, toda la razón.

Valerio no es una metáfora de nada, es sólo un hombre que tiene razón, pero sólo eso y resulta que son malos tiempos para la razón. Le he deseado suerte de palabra, pero también con el corazón, y le he prometido que llegarán tiempos mejores.

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noviembre 26, 2008. Ramón.

2 comentarios

  1. Preste Juan replied:

    Desoladora historia.

  2. ramonescribe replied:

    Yo me quedo con el final de la misma. Mi promesa de que llegarán tiempos mejores, es una promesa sincera.

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